EspacioFoto 2009

 

Facing

Ana Ines Maiorano

5 Imagenes


Representaciones de una perfección no reconocida.

Una exposición de fotografías sobre la Facultad de Ingeniería es una gran noticia. Es un ejemplo de difusión de aspectos brillantes de nuestra cultura que penosamente están escondidos. Estas fotos son una batalla contra el olvido, contra el descuido. Es que son lamentables las recientes noticias de destrucciones por falta de conocimiento, de cultura.
El edificio de Julio Vilamajó, resume la síntesis del cambio más trascendente que tuvo la arquitectura en los últimos 500 años: el paso de la arquitectura académica a la arquitectura moderna. El autor había concebido todos sus proyectos anteriores bajo los criterios de la composición académica (reglas, ejes, tipologías, ornamentos, etc.). Los primeros trabajos para éste edificio también son enteramente académicos, hasta que en determinado momento del proceso, tratando de resolver un problema de formas, hace un croquis que lo sorprende a él mismo y cambia radicalmente la forma de concebir el proyecto. Cosa que lo lleva a atender mucho más el funcionamiento del edificio, el recorte de los volúmenes en el paisaje costero, la implantación en el espacio parque y su topografía, y la atención al borde de la trama urbana. El edificio pasa a ser entonces una solución formal única y particular atendiendo a las circunstancias del terreno, a los requerimientos prácticos y a la creatividad del autor.
Puede parecer raro que alguien que  lo hacía muy bien y le que resultaba naturalmente cómodo, abandonara todo un sistema de proyectar arquitectura para pasar a otro desconocido y donde hay que inventarlo todo. El edificio tiene semblanzas con el del Bauhaus pero el propio proceso demuestra que Vilamajó más que mirar otros edificios, llega a la arquitectura moderna por sus propios medios como a una necesidad y por la propia universalidad de la modernidad.
El edificio perfectamente armónico, que agradece a la manera de estructurar la forma del Neoplasticismo en particular y a varias vanguardias artísticas en general, obliga al recorrido para su percepción y al juicio propio para su valoración.
Es lo que sabiamente ha hecho Ana Inés. Pasea, sube, baja, va, vuelve, desde todo punto de vista encuentra valores plásticos. El juego entre el objeto y el encuadre fotográfico se hace casi ilimitado. La realidad se quiebra y es imposible de representar, tenemos que vivir de sus fragmentos. Aunque Le Corbusier y Borges dicen que sabiendo lo que es una hoja (o una flor) se puede entender al mundo.
Lo inconcluso, lo roto, lo sucio y el descuido, también son representados por la fotógrafa en un doble sentido: por un lado la denuncia, que evidencia carencias económicas y la peor de todas las carencias: la desidia y por otro lado en el sentido estético, que culmina formalizando el interés en un grupo de sus fotografías.
En las imágenes, cuando aparece la naturaleza es tratada en el mismo sentido que lo hizo el arquitecto, no como algo romántico o ajeno, sino como algo que podemos disfrutar.
Esta muestra enseña a no distraernos con lo insustancial y a valorar lo verdaderamente bueno, lo sublime, lo estético, lo único. Luego de esta muestra, volver a ver el edificio será una experiencia nueva.


Antonio González-Arnao

cv Ana Inés Maiorano

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