Diario de Viaje a Bella Unión
(de la muestra fotográfica Bella Caña Dulce Unión)

La idea surgió el año pasado al oír hablar a mi hermana sobre los cursos de "reconversión" en Bella Unión y el trabajo de los "cañeros" (más tarde me enteraría que cañero se le dice al productor que planta la caña, los que la cortan se llaman "peludos").
Sabía que el lugar tenía "algo emblemático y me propuse descifrarlo.
Me preparé como nunca lo había hecho, pues me iba a la "punta" del paisito a cumplir un sueño.

11/7/01
Por fin había llegado a la legendaria Bella Unión.
Se suponía que la persona que iba a ser mi anfitrión me estaba esperando, pero estaba tan oscuro que apenas pude vislumbrar algunas personas bajando del ómnibus. Me quedé esperando que la cosa se despejara, pero no hizo falta porque la persona que tenía parada a mi lado también miraba como buscando a alguien.
¿Usted es Juan? -pregunté- Síiiii. Y los dos nos largamos a reír.
Aquel hombre de mirada dulce y transparente que tenía al lado, era mi guía.
A las dos horas de llegar ya me había puesto al tanto de "muchas" cosas. Entre mate y mate intercambiamos ideas, cuentos y nos pusimos al día de quién era cada uno y no lo traté más de Ud.
Más tarde apareció María, la esposa de Juan quien luego resultó ser la mejor anfitriona y compañera.
Se sintió que desde afuera golpeaban las manos, María se asomó por la ventana y vimos aparecer un hombre "oscuro" con la cara tiznada, delantal verde pero negro y con un machete colgando de la cintura. Juan salió afuera para hablar con él y María me comentó -parece que hay conflicto-.
Hacía pocas horas que estaba y ya era partícipe de una situación que a casi 40 años de la primera marcha cañera se seguía dando; la explotación. El hombre hacía 9 días que estaba trabajando sin cobrar un peso y el patrón lo había despedido por reclamar el "adelanto" que se acostumbra dar al comenzar la zafra.
Luego llegó el "Gallego" que venía furioso porque un supuesto "compañero" lo había empleado pero lo tenía en "negro", es decir sin estar en caja y encima cuando le reclamó que le pagara la compensación por cortar "caña trabada", lo trató de revoltoso.
La caña crece pareja y hacia arriba, pero cuando cae, se traba y cuesta más cortarla. Eso se paga extra y es una más de las conquistas del sindicato.
Pero al Gallego no quisieron compensarlo y decidió irse antes de "cometer una locura". Viajó 400 Km. dejando a su familia en Rivera por la zafra y ahora está con las manos vacías.
Así es la vida del cortador de caña.
Ya me había dado de frente con la realidad, "otra realidad".

12/7/01
Un tablón es un cuadrado que mide aproximadamente unos 100m x 100m de lado.
Una "lucha" son más o menos cinco surcos.
Cada cortador elige su lucha y comienza a cortar.
"Abrir la lucha" es cuando se comienza por el medio del tablón y es más difícil porque hay caña de los dos lados.
En las chacras donde se ha conquistado la balanza en el campo, es decir que se pesa allí mismo, se sortean por bolillero los surcos que se dejan en pie para cortar a lo último y esos surcos son los que se pesan. De ellos se saca el promedio de lo cortado en el tablón.
Se mide el surco, se corta la caña y se va apilando en montoncitos que se llaman "monos". Cada uno de esos monos pesa entre 70 y 80 Kg.
Los monos se levantan con un palo llamado "peón" (una vara encorvada de unos 60 cm de largo). El peón es el que permite juntar los monos y que ayuda a que la fuerza se ejerza sobre él y no toda, sobre los hombros de los trabajadores.
Cuando llega la hora de pesar los monos se les pasa una cuerda por debajo, se los ata y se cuelgan en la balanza (una romana) de a uno, ésta se sujeta a un tronco que sostienen dos hombres sobre sus hombros. Luego de pesar todos los monos del surco, se suman y según lo que mide el mismo, se calcula el peso promediándolo para 100 m.
Esto no quiere decir que al llegar a CALNU no se pese el camión nuevamente, pero el pesar en la chacra beneficia al trabajador porque la caña ha sido pesada enseguida del corte y no ha perdido peso (riesgo que se corre si el camión demora unos días en llegar a CALNU).
Todo esto lo aprendí en la recorrida de hoy, por demás productiva fotográficamente (y cansadora).
Interesante fue llegar hasta donde estaba el grupo "de los 4", trabajan en equipo a diferencia de los demás. Tienen un sistema colectivo de trabajo que les rinde más, pues cortan más toneladas que si lo hicieran individualmente.
Las cañas medían como tres metros de altura y trabajaban con la particularidad de cargar las zorras a mano, sin el grapo.
Al fin de la jornada Juan me dijo que íbamos a visitar a un amigo y entonces conocí a Ramón, un ex - cortador de caña (jubilado ya) que tiene 81 años. También es vencedor. Desde todo punto de vista, pero lo que en realidad hace son "venceduras", cura el empacho y el mal de ojo. Allí en una esquina del cuarto que oficia de comedor y estar se encuentra el bracero que lo ayuda en sus menesteres.

13/7/01
La producción de azúcar no puede morir.
El ver las cañas flameando al borde de la carretera me produce una sensación de placer inexplicable. Parece que flamearan dentro de mí.
A mí me parecen un montón pero hoy en día se planta la tercera parte de lo que se plantaba (de 9000 hectáreas que eran hoy sólo hay 3000). Quedan sólo algunas islas de caña.
Imagino lo que sería aquello cuando todo era caña.
Recorrimos los lugares históricos, la vieja Cainsa (el ingenio abandonado), que fuera lugar clave para la lucha de U.T.A.A.
Hicimos una parada en el puente del arroyo Itacumbú donde se hiciera el campamento de la primera huelga de los peludos.
Nos sentamos al borde de la cabecera del puente y se podía ver todo el paisaje.
Entramos en CALNU. Fue una linda visita en la que recorrimos todo el proceso de la elaboración del azúcar.
Todo el día perseguimos la famosa "quema" de la caña, tarea que se realiza para simplificar el corte de la misma. Al quemarla se libera de toda la hojarasca.
Parecía que las condiciones no estaban dadas para nosotros. Siempre llegábamos tarde, o ya había sido o sería dentro de dos días. Me iba a ir de Bella Unión sin poder ver una sola quema.
Cuando volvíamos para el pueblo se dio.
Vimos una columna de humo y doblamos por el camino de donde provenía. Fue cuestión de segundos. Nos quedamos al borde del camino y empezaron a aparecer las llamaradas. Aparecieron las llamas entre los cañaverales, el cielo quedó negro y el calor que abrazaba. Las cenizas venían hacia mí, parecía el fin del mundo. Pude ver la quema, pero así como comenzó se fue. Se apagó. Y quedaron las cañas peladas y chamuscadas.

14/7/01
Hoy fui a la feria a visitar a los pequeños productores de verduras en forma orgánica.
A medio día fuimos a comer el asado prometido por Ramón, cuando llegamos a las 11 y 30 ya lo tenía pronto. Había empezado al "aclarear". Si demorábamos diez minutos más se pasaba.
Ramón se jubiló de cortador de caña hace más o menos veinte años. Tiene una forma de asentir muy pegadiza y hasta cómica -mmm-.
Nos sacamos una foto con el disparador automático y es el único documento que testifica mi pasada por la región.
Me voy con dos promesas, una la de no olvidarme de lo vivido, otra con la de volver. Y por supuesto con lágrimas en los ojos.
Ellos me brindaron todo, su espacio, su vida y lo que es más importante, la posibilidad de darme cuenta que merece la pena vivir por algo.
Yo los adopté, no sé en calidad de qué, pero sé que adopté a todos los que conocí, en calidad de seres por los que se llora cuando una se separa. Y no me da vergüenza decirlo.
Los sentimientos son así.

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Publicado: 31 de julio 2002