| El taller está en un rincón
particularmente verde del Prado y la impresión en un día de sol es cautivante. Por eso
está allí: Marjan y Eduardo quedaron prendados del clima creativo de ese entorno cuando
les ofrecieron el local. Y el lunes es más especial, porque es el día en que ambos
coordinan el taller de fotografía con varios grupos de jóvenes. La institución se llama MONAMI ( Movimiento de Recuperación del
Minusválido), sigla que también quiere decir "mi amigo" en francés; ese
concepto de la amistad es aplicado a rajatabla desde la puerta, donde los alumnos esperan
en tropel a la visitante y de inmediato la hacen sentir una más. Y esa rara cualidad
humana es lo más especial que tienen estos exalumnos de la Roosevelt. La voluntad de la
visita por describir sus actividades es sobrepasada por la curiosidad de los alumnos:
Andrés, Carlos, Johana, Jaqueline, Evelyn, Andrés, Ega y Cristian que quieren saber todo
y contar lo que significa para ellos participar del taller de fotografía.

III Juegos Deportivos Para Discapacitados, Buenos Aires
De hecho, allí encuentran una formación profesional
que el sistema de educación, tal cual hoy funciona, les dificulta; el objetivo del taller
no es sin embargo ese, en forma específica, sino el de fortalecer la autoestima y la
confianza en sí mismo del alumno. La Asociación Nacional para el Niño Lisiado Escuela
Roosevelt, es una institución privada, que brinda un continente que no les ha dado el
sistema educativo formal, está autorizada pero no habilitada por ANEP. De todas formas
para los que quieren obtener el certificado de escolaridad que necesitarán a la hora de
presentarse a un trabajo, debe0000000000n cursar simultáneamente las dos escuelas o
hacerlo sucesivamente.
Así, a los obstáculos que les puso la vida se suman
todos éstos para ponerse en la línea de largada y encarar su realización como personas
adultas, no es un comienzo fácil.

Visita a Foto Club, 1995
El taller fue entonces una opción real hacia la
canalización de su sensibilidad. "Cuando Eduardo y Marjan se acercaron para explorar
la posibilidad de que personas con discapacidad pudiéramos hacer fotografía, lo hicieron
a puro esfuerzo personal", cuenta Andrés, uno de los más extrovertidos del grupo.
"El primer año sacamos fotos a rolete", recuerda divertido. "Yo hace ya
cinco años que estoy en el taller y ya hemos hecho exposiciones en la Biblioteca Nacional
y en la Escuela Roosevelt".
Eduardo señala que llegar al taller demanda un largo
camino, pero también que la experiencia ha tenido gran aceptación. "Aquí no sólo
aprenden a fotografiar sino también a trabajar fotográficamente". Y no es una frase
hueca. Hace poco Andrés sacó fotos del casamiento de unos compañeros de escuela: la
ceremonia era cubierta por un fotógrafo profesional pero a los novios le gustaron más
las fotos de Andrés. No es una mera anécdota, sino una de esas experiencias que alientan
al grupo a seguir adelante pues les muestra las posibilidades que la fotografía abre como
forma de expresión y realización.
"El sentimiento generalizado es que no se puede;
uno se acostumbra a eso y se convence de no poder", señala Carlos, puntualizando el
estado de ánimo que ellos deben superar junto con las limitaciones físicas simplemente
para ser. "Hay que descubrir, por ejemplo, que la cámara no se rompe; eso fue muy
importante para mí: yo tenía miedo de perder el equilibrio mientras fotografiaba y que
se me cayera la cámara", ejemplifica. El perdió el brazo y una pierna tratando de
desenredar una cometa de un cable de alta tensión, así que en principio parecía un
temor razonable. Pero lo cierto es que en los cinco años de existencia que lleva el
taller, a ninguno se le cayó la cámara.

Gustavo Gutiérrez le indica con su dedo cómo encuadrar y
cuando disparar a Paola Umpierrez, quien le sostiene la cámara
Pasaron otras cosas, es cierto. Producto de la
ansiedad que los carcomía por registrar todo en una visita al Foto Club Uruguayo, Andrés
hizo una toma del cuarto oscuro con flash, con lo que obtuvo un alarido unánime como
respuesta.
Al menos con eso aprendieron a no hacer esas cosas en
su propio laboratorio. Diseñado por la arquitecta Mabel Ubiría basándose en la
estructura del laboratorio del Foto Club Uruguayo pero con espacios que permiten acceder y
trabajar en él con silla de ruedas y bastones, allí todo está al alcance de la mano. Es
el único laboratorio con estas características en todo el Uruguay.
Y los resultados de este esfuerzo son mensurables en
que la fotografía fue para estos muchachos el inicio de un camino de confianza en sí
mismos al lograr un producto apreciado por los demás. Están orgullosos de su trabajo y
es alentador ver muestras del trabajo que desarrollan Jaqueline y Johana en el Cerro sobre
un cultivo de lombrices californianas; otros exhiben fotos de las competiciones en las que
participan.
El valor de las fotos está en que aparecen ellos
mismos y pueden mostrar los problemas que atraviesan diariamente, que por cierto no son
pocos: las imágenes los muestran, las fotos que son parte de este artículo surgieron del
taller. Allí, todos los días, sus protagonistas descubren hasta donde es posible
conquistar sus propios espacios.
En foco
La licenciada en Educación Marjan Van
Doorselaer y el psicólogo Eduardo Tardáguila son los padres del proyecto "Taller de
Fotografía" de la Institución MONAMI. Para incubarlo, consultaron y como
preguntando se llega dieron con la directora de la Roosevelt, Nelly Elena de Dulcini. Ella
les brindó todo su apoyo y les abrió las puertas de la escuela . La institución MONAMI
aceptó el proyecto, lo que fue fundamental para que pasara alplano de la realidad.
Marjan regresó a su Bélgica natal en
busca de apoyo económico y Eduardo empezó solo, apoyado únicamente en la bibliografía
enviada por Marjan desde Bélgica.
Los primeros dos años, Marjan y Eduardo
trabajaron en forma honoraria, hoy cuentan con el apoyo financiero de instituciones de
Bélgica y Holanda, además del aporte de un "Comité de apoyo de familiares y amigos
de Marjan". Ellos publican un periódico en flamenco, para los contribuyentes, que da
cuenta de las actividades del taller fotográfico. Allí se relata el alcance del trabajo
del taller, que supera a la Roosevelt para abarcar Manos Unidas, un centro para jóvenes
con problemas de aprendizaje y síndrome de Down, la cabaña de MONAMI, ,jóvenes con
estructura psicótica y problemas de aprendizaje, la escuela Nº 197 para niños con
discapacidad auditiva, y curso a docentes de las escuelas especiales 197, 206 y 207 y a la
sede central de MONAMI, en Camino Castro 288. La incorporación de docentes aparece como
un eslabón fundamental para que la fotografía sea un elemento más en el desarrollo de
capacidades. |